24 dic. 2009

MI AMIGO JUANTXO

Esta foto se la hicieron a Juantxo poco antes de lo de la cena. Ahí está, como siempre, protestando contra los abusos al planeta, trabajando por nuestros nietos y los nietos de nuestros nietos. Lo que no hacen los políticos lo está haciendo la sociedad civil, de la que Juantxo es uno de sus mejores embajadores.

Conozco a Juantxo desde hace años. En los 80 compartiamos página de opinión en El Correo del Sol, aquel magnifico boletín que encartábamos en la revista Integral (la verdadera, la de entonces) y que fue el precursor de una prensa ambiental libre y militante en la que creíamos todos los que la hacíamos (desde una juventud que nos rebentaba las venas) y que, lástima, se quedó en el intento.

Hace poco, cuando el lobby nuclear se me echó encima e intentó atraparme entre sus fauces por pedir el cierre de Garoña en Onda Cero, me llamó inmediatamente para darme ánimos, para seguir adelante, y sentí, como en anteriores ocasiones, ese abrazo de oso amoroso que tanto reconforta a los que tenemos la suerte de compartir con él amistad y vocación.

Y es que por encima de todo Juantxo es buena gente. Noble, comprometido con lo suyo y con los suyos, que somos todos los que amamos este planeta, y decidido a partirse el pecho por defender nuestro derecho a vivir mejor en un mundo mejor.



A Juantxo le han metido 21 días por enseñar un pañuelo amarillo (en la imagen) en son de paz en la antesala de una cena de gala a la que asistian unos políticos que han renunciado a ser líderes de otra cosa que no sean sus propios intereses tras defraudar a un mundo entristecido por su mediocridad. Y no se lo han perdonado.

La soberbia, la arrogancia y la altivez de Dinamarca contra quienes osaron denunciar el absoluto fracaso de la cumbre solo demuestra hasta que punto alcanza la impotencia de sus autoridades para encajar el descalabro. Dinamarca, la tantas veces puesta como ejemplo, que decepción más grande.


Ha llegado la hora de la sociedad civil. De todos nosotros. La detención de Juantxo y el resto de compañeros de Greenpeace en Copenhague nos ha de servir de estímulo para involucrarnos todavía más en la defensa del planeta. Su nivel de compromiso es un ejemplo a seguir. Quienes lo mantienen retenido solo merecen nuestro desdén. No hay tiempo para la ira, solo cabe esperar a que regrese y brindarle el mayor de los homenajes. Para que todos tengan claro que Juantxo, y lo que representa, somos todos.

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