20 may. 2008

DE VIOLINES Y GRILLOS


Esas notas que los violinistas lanzan al aire minutos antes de iniciarse el concierto, con el público ocupando ya sus asientos, siempre me han sonado a naturaleza. Al afinar sus instrumentos voz en alto, sin atender a ninguna partitura, a ninguna batuta, violines y violas entremezclan sus acordes en el aire libremente, como ocurre en el campo. Mis amigos se ríen de mí porque les digo que en esos momentos a menudo escucho grillos en la sala.

Ellos no lo saben pero el concierto de los grillos se inicia también así, con un afinado previo. Cae la tarde y empiezan a sonar uno aquí, otro allá; uno rápido, otro lento. Para cuando el sol se rinde ya esta en marcha la sinfonía. Y hay batuta, por supuesto que la hay. Cuanto más calor hace más rápido tocan los grillos. Hay quien incluso se ha atrevido a establecer fórmulas aritméticas para calcular los grados exactos en función de las estridulaciones por minuto.

Los científicos denominan estridular al “cri-cri” de los grillos, y nos dicen que ese sonido es de una potencia extraordinaria, uno de los más agudos de cuantos consigue generar un ser vivo, y que sin embargo emiten unos insectos del tamaño de un saltamontes, frotando su diminuta pata contra el ala.

En algunos pueblos, los niños encierran a los grillos en una jaula para tener música. Yo me voy a los conciertos antes de que empiecen para escucharlos.

José Luis GALLEGO





(Inicio con este artículo la publicación de una larga serie de textos cortos que fueron apareciendo durante más de tres años, mes a mes y siguiendo el pulso de las estaciones, en la penúltima página de la revista "INTEGRAL" en la que llevo ya 20 años colaborando)


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