11 may. 2015

Tiempo de corregüelas

Mayo en los caminos: tiempo de corregüelas. Estas flores, modestas y populares, a las que los científicos agrupan en el género Calystegia se enroscan este mes a las ramas de las zarzas, se encaraman por las tapias y se adhieren como pegatinas a las murallas de piedra seca para pintarlas de primavera con sus espectaculares flores blancas, rosas o violetas, pentagonales y acampanadas.


Las flores silvestres de nuestros ribazos y veredas, ésas a las que de común ignora el paseante y algunos llaman incluso “malas hierbas”, son ahora una campaña publicitaria para iniciarnos en el apasionante mundo de la botánica. 

Tenemos por ejemplo a la delicada trepamuros (Cymbalaria muralis) las más bella de cuantas surgen en los márgenes, pintada de violetas y naranjas. O a la modesta ruda caminera (Asplenium ruta muraria) con aspecto de alga, de hojas quebradas y mordidas. También esta la celidonia (Chelidonium majus) muy abundante: de amarillo chillón y cargada de semillas estrechas y alargadas, si partimos su tallo surge un líquido cáustico, anaranjado, que mi abuela utilizaba para eliminar las verrugas. O la aleluya (Oxalis acetosella) que alegra las miradas tanto como las ensaladas con sus flores de pétalos blancos y lineas tatuadas.


Capuchinas, cardos, mielgas, gramas...hay muchas, muchísimas más. Y es que los ribazos han servido tradicionalmente de despensa y botica en nuestros pueblos, además de perfumar los paseos de las gentes y provocar el enamoramiento súbito de quienes amamos la naturaleza de cada día, esa que nos espera al volver la esquina.


(Artículo de Jose Luis Gallego publicado en la revista Integral en mayo de 2004)

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