24 feb. 2014

MIRAR LAS ESTRELLAS


Se llamaba Maria Antonia y era astrónoma aficionada. En aquellos campamentos de verano que organizaba Adena/WWF en Montejo éramos mayoría los ornitólogos pero había también herpetólogos, ictiólogos, botánicos o entomólogos entre muchos otros naturalistas de campo.

Ejercíamos de monitores de unos chavales a los que a lo largo de todo el verano, y en turnos de un par de semanas, intentábamos transmitir nuestra pasión por la naturaleza, el amor a los seres vivos y sus paisajes y el placer por el conocimiento. 

Cuando llegaba la noche, y después de las charlas junto al fuego de campamento en las que repasábamos las anécdotas de la jornada y cantábamos canciones al son de las guitarras, todos los chavales se tumbaban en la pradera con la mirada alzada a las estrellas, sin telescopio ni prismáticos, y se ponían a las órdenes de Maria Antonia. 

La noche era su momento del día. Bajo el cielo oscuro salpicado de estrellas, ella les enseñaba a amar lo inalcanzable: a buscar la Osa Mayor, a diferenciar constelaciones, a entender lo que es una galaxia.

Una de aquellas noches, con los niños y los monitores echados sobre la hierba mirando al cielo, Maria Antonia nos dijo: “escoger una estrella”.  Al poco nos volvió a hablar para decirnos “¿la tenéis? es bonita verdad, pues bien debéis saber que es muy posible que esa estrella que tanto os ha llamado la atención ya no exista y que lo que estéis viendo en realidad sea su último resplandor, el último aliento de luminosidad que nos dejó allí arriba antes de desaparecer para siempre”.

Tras sus palabras ningún niño osó romper el silencio. Nos habíamos vuelto todos tan pequeños que ni tan siquiera podíamos hablar. En el silencio sonoro del Riaza, entre las estridulaciones de los grillos y el ulular del búho real de Peña Portillo, las palabras de nuestra astrónoma de cabecera habían calado tan hondo en todos nosotros que nos habíamos quedado sin habla.  

Aquella noche estrellada de agosto, tumbado sobre la hierba fresca de la pradera mientras escuchaba a Maria Antonia, aprendí a mirar el firmamento desde lo más hondo del corazón y supe que desde aquel preciso instante mi sentido de la existencia había cambiado para siempre. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Hola, José-luis! Estoy siguiendo tus fantásticos programas de "Riu avall" y deseo felicitarte por ellos a tí y a todo tu equipo, mas deseo haceros una pequeña apreciación, sin ningún ánimo de ofender a nadie. En el capítulo dedicado al riu Corb, el señor Joan Teruel afirma que éste es el único río de Catalunya cuyo cauce sigue el rumbo Este - Oeste, además del Garona, y quiero recordar aquí al querido Sió, con características similares.
Por cierto, también tuve la suerte de conocer las Hoces del Riaza y el bonito pueblo de Montejo de la Vega... y sus típicas bodegas excavadas en la roca, creo que es el único de la provincia de Segovia con la denominación de origen Ribera del Duero. ¡Un abrazo!
Manel Moya. Vilanova del Camí